Pues porque todo no puede ser de color de rosa, y que en la escuela del ensayo-error, todo puede pasar. "En la mitad del invierno" ya nos ha dado un par de lecciones, y eso que todavía no hemos empezado a rodar.La primera es que, al igual que le pasó a Felipe II, no calculamos en su justa medida las condiciones meteorológicas. ¿Porqué? por que la nieve juega un papel fundamental en la historia. La naturaleza debe de ser lo más adversa y dura posible, para que así los personajes sean todavía más vulnerables y su situación más claustrofóbica.
En una gran producción esto no sería un problema. Se encargarían un par de máquinas de nieve, un par de máquinas de humo y un par de grandes ventiladores, todos ellos alimentados por un par de potentes e insonorizados generadores. Pero cuando el presupuesto es limitado y encima sale de tu bolsillo, ya puedes empezar a rezar a todos los santos posibles, a los dioses de las montañas o incluso al mismísimo Yeti para que cuando hayas decidido rodar, haya nieve. Y encima y por supuesto, que sea en fin de semana.
La segunda cosa que hemos aprendido es a asumir que hay factores que aunque parezcan seguros pueden venirse abajo en cuestión de segundos. Pasó todo en la misma tarde. Cuando quedaba una semana para empezar a rodar, los dos actores que iban a interpretar a nuestros personajes se apearon del proyecto. Mazazo, y de los grandes. Si bien es verdad que ambos se retiraron por razones más que justificadas y comprensibles, es inevitable pensar que nuestra cara se desencajó cual boxeador que recibe un K.O. en el ring.
Lejos de venirse abajo y consciente de que todo lo demás está preparado y que el maravillosos equipo que me rodea me seguiría (casi) hasta el desfiladero, hay que levantarse y seguir adelante. Y más cuando el Yeti parece que se había apiadado de nosotros y había traído esta ola siberiana.
Ps: Mañana es el día en el que aparezco en Antena 3, en ATRAPA UN MILLÓN como Santiago Segura en sus años mozos, intentando financiar mi cortometraje. Algo tenía que ir bien....





